Tri100Llanes

Este domingo me lancé al Tri100Llanes y, por fin, después de dos intentos anteriores que no pudieron ser, conseguí terminar una media distancia. Los dos años previos no llegué a meta: una vez por no pasar corte de la natación y otra por el accidente en Gandía. Esta vez sí, y encima con buena marca personal. Llegué con muchas ganas, pero también con un poco de nervios, porque no sabía cómo iba a reaccionar el cuerpo después de tanto tiempo sin completar una media.

La cosa empezó con la natación en la Playa Puerto Chico, dos vueltas de 1.000 m en el Cantábrico. Además, era el primer día de la temporada que nadaba en aguas abiertas, así que fue como “repasar” sensaciones: el agua fría, las olas, la sensación de no tener bordes, todo eso que te hace sonreír aunque al mismo tiempo te quite un poco el aire. Saqué el cuerpo del agua y ya pensé: “bien, esto ya está en marcha”.

Los 80 km de bici fueron un tramo tranquilo, a mi ritmo, jugando con el viento y los cambios de ritmo por el recorrido de Llanes. No intenté romper nada, solo mantenerme constante y disfrutar del paisaje. Los 18 km de carrera a pie por el centro de Llanes los hice con la cabeza en el mismo sitio: sin apretar demasiado, pero sin tirar la toalla tampoco. Al final, cruzar la meta fue la mejor parte: después de dos intentos fallidos, uno por no pasar corte y otro por el accidente, por fin termino una media distancia y, encima, con buena marca personal.

Un detalle que me llamó la atención fue la bolsa del corredor. La verdad es que fue un poco escasa, sobre todo si la comparas con otras carreras donde sueles encontrarte más variedad y cantidad. No es un drama, pero sí me hizo extrañar esas bolsas más generosas a las que estamos acostumbrados los corredores.

Para mí fue un día con un significado especial también porque fui el único participante del Triatlón Astudillo en esta cita, así que llevé el nombre del club en mi dorsal. Y lo más importante: no estuve solo. Anero, compañero del club, fue a animar con su familia, y mi novia Ángela me acompañó durante toda la jornada. Tenerlos cerca hizo que el día se sintiera más ligero, más humano y, sobre todo, más divertido.

En resumen: fue una carrera personal, algo emotiva pero sin presiones, con algún tramo que me hizo trabajar, pero también con mucho disfrute. Terminar esta media distancia, después de dos intentos fallidos, me ha devuelto la confianza y me ha dejado con muchas ganas de volver a entrenar y a competir, sabiendo que puedo hacerlo y con buenos tiempos de por medio.

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